Un balance de Cosquín 2017: en el camino de la recuperación de su mística perdida

Cerró un festival que continuó con lo planteado el año pasado y mostró importantes síntomas de mejoría en varios aspectos tanto en lo artístico como en la convocatoria. Luces y sombras de la 57a edición.

Parecía una lejana utopía hace unos pocos años cuando el festival se hundía en la oscuridad absoluta, con la tristemente recordada como la peor edición de la última década tanto en lo organizativo, como en lo artístico y lo conceptual.

Una vez más, como aquellos enfermos que llegaban al pueblo a salvar su vida de la tuberculosis, Cosquín se fue recuperando y en esta 57a edición que terminó anoche volvió a mostrar muchos síntomas de restauración en el anhelado camino hacia esa construcción que lo convirtió en leyenda, pero tratando de no caer en la mera nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor.

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Con un saludable equilibrio entre la búsqueda de la excelencia y lo que se puede definir como propuestas más “festivaleras” (volvió a quedar en claro que no son conceptos tan antagónicos como se piensa); el mensaje comprometido que no puede estar ausente en la plaza y la confirmación de esas nuevas voces y sonidos como una realidad que ya dejó atrás el mote de “alternativo” y superó esa oxidada discusión sobre lo que es folklore y lo que no, este Cosquín 2017 deja un saldo más que positivo.

Sobre todo si se piensa en la recuperación como un proceso inmerso en un contexto cultural tan complejo y diverso.

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Seguramente en lo organizativo haya varios puntos por mejorar aún, como algunos confusos cambios de último momento en las grillas que habían sido curadas con mucha dedicación, la inclusión de algunas propuestas dejadas de lado (parte también de esa sana rotación planteada desde el año pasado) y las comunicaciones mas algunas cuestiones de técnicas que vienen siendo un déficit histórico de Cosquín.

La taquilla

Otro indicio indispensable para hablar de mejoría, tiene que ver en lo que respecta a la concurrencia y la venta de entradas.

Si bien es cierto que la taquilla sigue dependiendo en gran medida de los llamados artistas convocantes (Abel Pintos, Soledad, Luciano Pereyra, Jorge Rojas y algunos pocos más), la asistencia en general lució un crecimiento con respecto a la pasada edición, destacando también que en los dos sábados la plaza superó el 70% sin ninguno de esos nombres fuertes (habría que comenzar a considerar a Raly Barrionuevo dentro de ese lote de elegidos, por lo menos en Cosquín) y con esas dos programaciones artísticamente muy superiores al resto.

En cuanto al ranking, la única noche en la que se vendió todo fue la encabezada por Soledad y Luciano Pereyra, que incluyó la comentada y extensa charla entre ambos (para muchos un exceso, para los más fans una genialidad).

Luego le siguió la del esperado regreso de Abel Pintos (95 por ciento de ocupación) y la del festejo de Los Carabajal y El Chaqueño Palavecino (90%). La más floja terminó siendo la denominada noche de los clásicos con Los Manseros Santiagueños (66%) y sorprendió el repunte final en la última (superó el 80 por ciento) con los 30 años de Los Nocheros (tuvieron a Axel como invitado) y el festejo de Víctor Heredia por el 50° aniversario de su debut (con la presencia destacada de León Gieco).

Pensar en el festival

También quedó demostrado lo fundamental que resulta que los convocantes preparen actuaciones especiales para Cosquín (puede gusta o no, pero lo de Pintos, la Sole, Tekis y Rojas fueron los más notorios) algo que el público agradeció largamente, tanto como las presentaciones conceptuales o celebratorias con invitados, como la mencionada por los 50 años de Los Carabajal y Heredia, la del centenario del Cuchi Leguizamón y los Tucumanos, aunque no así la olvidable “Un canto de Córdoba hacia el mundo”.

También resultó positiva la inclusión de Piñón Fijo en la previa con un espectáculo pensado para la familia; el desafío será poder ampliar los horizontes de esta inicitava contemplando algunas de las tantas ricas propuestas para la infancia relacionadas con nuestra música de raíz.

En Cosquín se dicen cosas

Un eje que atravesó todo el festival que sería imposible dejar de soslayar en cualquier análisis, es la cruzada por el monte nativo y los recursos naturales que tomó una impensada aunque conveniente notoriedad en las últimas semanas, tras el intento (por ahora fallido) de reformar la llamada “Ley de bosques” y que se coronó con una convocante marcha por las calles de Cosquín en la tardecita del último sábado.

Desde artistas más identicados con las cuestiones sociales como Raly Barrionuevo, José Luis Aguirre o Bruno Arias hasta otros como la sorprendente Luciana Jury, Juan Iñaki, Doña Jovita (se volvió un verdadero estandarte y además hizo reír) y hasta el mismo Piñón (por nombrar sólo algunos) hicieron enérgicas referencias al tema.

También ocupó un lugar importante la defensa al pueblo mapuche que logró estado público por la represión policial sufrida hace pocos días. Milena Salamanca, Che Joven y Rubén Patagonia (premiado con el Camin a la trayectoria), mostraron lo más sustancia al respecto.

Los premios

En la jornada de cierre se entregaron los clásicos premios. Además del mencionado Camin para Patagonia, el de Consagración fue para La Bruja Salguero, la cantora riojana que viene haciendo méritos hace rato aunque en esta edición no tuvo una actuación tan descollante como en otras oportunidades.

La revelación que se otorga a los ganadores del Pre Cosquín fue compartida entre el original dúo CheChelos y la Compañía de Danza Pucará. Además, hubo una merecida mención para Luciana Jury. Por su parte, el premio que otorgan Sadaic y Ancrof fue para la santafesina Patricia Ratti. Igualmente, la indiferencia de la plaza a la hora de la entrega plantea el interrogante de la trascendencia real de los galardones.

Las peñas

En cuanto al universo peñero, siempre imprescindible a la hora de hablar de la esencia de Cosquín, en general fue donde tal vez se volvió más palpable la crisis económica, ya que salvo excepciones en días puntuales no terminaron de lograr la convocatoria esperada. El regreso de El Sol del Sur, la peña de Paola Bernal, fue lo más saludable en cuanto al contenido artístico. Queda pendiente también la discusión sobre la manera de incluir a las peñas dentro del gran paraguas del festival y no seguir pensando en éstas como una competencia a la plaza.

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