Del ‘stand up’ a Guarany: así fue la juntada de Soledad y Luciano Pereyra en Cosquín 2017

Las dos figuras convocantes de la séptima luna que lmostró una plaza repleta, evocaron al cantor recientemente fallecido en un homenaje que tuvo gusto a poco. Antes, se divirtieron un rato largo con anécdotas, chistes y cumbias retro. Para destacar la actuación de Paola Bernal e invitados.

Sensaciones extrañas las que afloraron en la séptima luna de este Cosquín 2017, que tras su bien concurrida jornada de viernes se encamina hacia su último fin de semana. Una noche en la que se dijo mucho, pero poco de lo bueno; se cantó y se bailó de todo; y en la que los artistas convocantes se dieron el gusto de encompincharse y hacer reír a una plaza repleta (se vendieron todas las entradas, algo que no ocurrió en la noche de Abel Pintos en la que quedaron algunas pocas butacas disponibles) aunque no pudieron realizar sus shows completos tal como estaban previstos.

Soledad y Luciano Pereyra, de ellos se trata, brindaron uno de los momentos que quedarán en la memoria del festival por dos razones: primero por la distendida y hasta de a ratos insólita charla que protagonizaron en medio de la actuación del cantante de Luján y luego por el homenaje que le rindieron a Horacio Guarany, un conocido referente para ambos y hombre clave en sus respectivas carreras.

“La obra de Guarany tiene que estar viva siempre”, dijo la Sole antes de entonar las primeras estrofas No quisiera quererte, aquel viejo tema el cantor recientemente fallecido compuso con el poeta tucumano Juan Eduardo Piatelli y que Pereyra grabó en el disco Soy tuyo. Tras el sentido aplauso de la plaza, Luciano les propuso que se pusieran todos de pie para cantar Salteñita de los valles, la primera canción que Soledad interpretó en Cosquín justo hace 21 años.

Agradecimiento y ovación mediante, la cantante de Arequito se retiró del escenario dejando a todos con gusto a poco en cuanto al tan anunciado homenaje. Es cierto que el público se deleitó antes con el “showcito de stand up” como el mismo Pereyra denominó al ida y vuelta que incluyó un piropo a la Sole por su despampanante vestido rojo (“No soy como Sofía Zámolo”, le retrucó ella en referencia al clip del tema de Luciano), un suerte de karaoke en el que cantaron cumbias retro, divertidas anécdotas de la trastienda de ella y chistes bastante poco graciosos por parte de él. Sin dudas, la Sole y toda su naturalidad fueron lo mejor del cruce.

Claro que todo ese diálogo espontáneo le terminó quitando tiempo de show a Pereyra, quien después de la juntada con la Sole pudo hacer sólo un par de temas más de los cinco que tenía previstos. Una hora antes, minutos antes de las dos, había tenido un arranque un poco desconcertante al mejor estilo boliche de estos tiempos (Eres mi vida) y encarado su mejor versión con el bloque folklórico que incluyó chacareras y un escondido. Lástima la reiterativa Zamba para olvidar. Una vez más: es hermosa, pero hay tantas otras. En resumen, una actuación con altibajos que seguramente no será muy recordada salvo por el encuentro con Soledad por supuesto.

Los climas de la Sole
Precisamente la cantante de Arequito fue la encargada de la apertura fuerte de la noche después de la convincente dosis de litoral que aportó Mario Bofill. Con un inicio junto a un colorido ballet y la versión más madura de su voz, la Sole manejó los climas (subió con las chacareras, bajó con la zamba, navegó con el chamamé y cerró con un enganchadito de hits) y se mostró muy comunicativa con el público, como cuando preguntó dónde estaban las chicas de Luciano. Eso sí, los 50 minutos terminaron siendo un poco escasos para todo el arsenal de clásicos que tenía planificado. Igualmente, se mostró comprensiva al expresar que su celebración ya había sido el año pasado y después de todo Cosquín es un festival en el que se deben conjugar todas las propuestas. Ojalá todos lo entendieran así.

Más tarde, la Sole también cantó Punta Cayastá junto al gaucho Orlando Veracruz, en el marco de las Postales de Provincia de Santa Fe. El gaucho mostró con la personalidad a la que nos tiene acostumbrados, sin embargo, la duda que quedó flotando en el aire es si las delegaciones provinciales no deberían apuntar a espectáculos más conceptuales.

Momentos de equilibrio
Entre los saludables contrastes que ofrece este Cosquín 2017, hubo dos propuestas que equilibraron el derroche de energía que generaron Pastorutti y Pereyra. La primera fue la reunión de Sebastián Cayre, Javi Caminos y Fran Lanfré, quienes presentaron el interesante espectáculo Tierra de canciones. Composiciones propias con sustancia, de la huella a la chacarera, que la plaza supo recibir y escuchar.

El sol del sur en la plaza
El otro gran momento fue la actuación de Paola Bernal, con una apuesta más jugada que tuvo los matices necesarios para sonar convincente. Arrancó con Famatina, un tema de Joel Costas, para luego arremeter con Agua de flores y las rimas de Julieta Rivarola, mientras su padre Ají se emocionaba en las afueras de la plaza y demostrando que hay otras formas no tan estruendosas de cantarle al carnaval. La danza de Chiqui la Rosa y Walter Rodríguez coronaba la postal.

“Estamos a favor de la vida y el monte, más allá de los colores de turno”, lanzó Bernal para luego presentar a La Cruza, un grupo del popular barrio cordobés de Villa El Libertador que acaba de lanzar La película de los nuestros, un disco para tener en cuenta. Después de la conmovedora Utopía, llegó el gran cierre junto a Mery Murúa (merece ampliamente su lugar propio en el escenario) y la exquisita versión de El arriero de aires afroperuanos, que la plaza reconoció con un gran aplauso.

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