Cosquín apuesta por la excelencia

Dino Saluzzi, la gran atracción de la apertura; los herederos del Chango Farías Gómez, imperdibles.

La manera más barata de palpitar la previa de la próxima edición de Cosquín es imaginar el momento en que, en medio de una gigantesca pantalla de Leds y acosado por una parrilla de potentes luces, el bandoneonista Dino Saluzzi espete algún epíteto a los técnicos. “¿No pueden dejar las luces quietas? Esto no es un show”, podría ser una de las frases a las que Dino eche mano si no se siente cómodo sobre el escenario. Y si tiene algún problema con el monitoreó también lo hará saber de la manera más enérgica. Pero para ser justo con el artista hay que decir que pedir que se corrija lo que incomoda no es mal genio. Es rigor, calidad y, en algún caso, búsqueda de excelencia. Dino no da shows; Dino ofrece conciertos. Y como uno de los artistas principales de la noche de apertura de la edición 57° del Festival Nacional de Folklore de Cosquín mañana dará un concierto, si el contexto se lo permite.

Y todo indica que el contexto se lo permitirá. Cosquín ha cambiado mucho en los últimos años. Ya no tiene esas grillas artísticas interminables. Cada uno de los que sube al escenario tiene un poco más de tiempo para expresarse y la calidad musical fue tomando altura. La presencia, en la apertura, de Dino Saluzzi es la mejor prueba de que el público podrá ver a uno de los mejores artistas de la música popular argentina de los últimos cincuenta años. Su participación es un lujo y la posibilidad de que la audiencia se conecte de otra manera con lo que sucede en el escenario. Porque la propuesta, compleja desde su concepción, requiere de verdadera atención para que se disfrute.

Esa misma noche se escuchará una orquesta que también tiene sus bemoles atravesados en los pentagramas. Así como Dino, muy a su manera, revolucionó la música de raíz folklórica, Chango Farías Gómez supo ser uno de los principales agitadores. Chango ya no está, pero desde su muerte han quedado once viudos musicales que saben hacer honor al último proyecto del Brujo, la Orquesta Popular de Cámara Chango Farías Gómez, que recientemente publicó el segundo volumen en CD de Música clásica argentina.

“Es la primera vez que vamos a participar con la orquesta en este festival que es tan importante, una gran vidriera, y que muestra otra apertura. Pensá que hubo revelaciones importantísimas, como Mercedes, sobre ese escenario -dice Luis Gurevich, pianista y productor artístico del grupo-. Para nosotros es hermoso pasar por ahí. Compartir la noche con Dino Saluzzi.”

“Aunque él ya no estaba, queríamos que se lo escuchara en el álbum. Nos prestaron los discos rígidos de la grabación de un programa del ciclo Encuentro en el estudio y luego sumamos otros temas, como una versión de «Garúa» de la que teníamos un registro con la voz de Chango”, recuerda el pianista y compositor.

El Volumen II, que es lo que presentarán en Cosquín, corre todo por cuenta de los once músicos que la integran. Entre todos fueron proponiendo temas y los probaron en ensayos. “Con Chango se zapaba mucho, y eso es lo que seguimos haciendo -explica Gurevich-. Tocamos y nos vamos quedando con lo que nos gusta. Luego Néstor Gómez hace las orquestaciones. También las hacía cuando estaba Chango.”

En esta segunda entrega la orquesta parece tener colores más definidos y una paleta tímbrica ampliada. “Trabajamos los colores para adquirir un sonido propio. La gran alquimia de Chango es lo que permite que estemos todos juntos, tocando. Otra parte fundamental son los autores de los temas que elegimos. Por eso tenemos a un Remo Pignoni [en el tema «Vino nuevo»] o a un Spinetta «folklorizado» [en el tema «Duranzo sangrando»]. Ahora la idea es seguir tocando el disco todo lo posible y llevar la orquesta al exterior. A todos nos gusta este proyecto. Cuesta llevarlo adelante porque somos muchos: trasladarse, conseguir hoteles. Pero es tan lindo hacerla sonar que vale el sacrificio. Me habría encantado que Chango hubiera podido seguir estando en este proyecto.”