Cosquín 2017: la maratón del Chaqueño, la notable pechada de coplas y más de la sexta luna

La sexta luna del festival abrió con el gran festejo de Los Carabajal y cerró con la extensa actuación de Palavecino. Además, Mariana Carrizo deleitó con su espectáculo junto al pianista Leo Genovese.

La noche más emotiva y más larga de lo que va de este Cosquín 2017. Así fue la sexta luna que comenzó con el inolvidable festejo por los 50 años de Los Carabajal junto a un gran elenco de invitados y cerró pasadas las cinco tras más de dos horas de show del Chaqueño Palavecino, un poco molesto con la demora pero una vez más convertido en una máquina de recrear clásicos del cancionero en su particular estilo, ese que sigue enamorando al público.

Aunque para esa hora muchos ya habían abandonado la Próspero Molina debido al frío que se apoderó de Cosquín (el termómetro apenas pasaba los 10 grados), los fieles seguidores del cantor salteño celebraban sus chacareras de monte, versiones de zambas clásicas como El arriero o Zamba para olvidar, el himno chayero Carnaval de La Rioja o su inoxidable hit Amor salvaje. Es más, la noche de Palavecino sumado al festejo del emblemático grupo santiagueño, terminó siendo la segunda más convocante en lo que va del festival, llegando al 90 por ciento de entradas vendidas y un pico de asistencia cerca de las tres de la mañana.

El regreso de Ica Novo 
Mucho más temprano y en su regreso al festival después de siete largos años, Ica Novo tuvo que sortear en el comienzo un importante desperfecto de sonido que fue bien rescatado por “Pipulo” Juárez. Después de acomodar los tantos, el legendario músico del norte cordobés arrancó con Chacarera de Ischilín. Acompañado por su virtuoso hijo Salvador en el piano y su hermano Pepe en el bombo, Ica mezcló sus clásicos arreglos de alto vuelo con mucho desparpajo. “Voy a presentar una de mi disco ‘Zambas para chapar volumen 3′”, lanzó en un momento. “Ahora que estamos entrando en confianza voy a tocar una que habla de sexo, drogas y rocanrol”, adelantó en otro pasaje para arremeter con Amor, yerba y chacarera. La sorpresa llegó con Me saco el saco y me pongo el poncho y el cierre con la aplaudida Del norte cordobés para terminar de redondear un buen regreso.

Copla y jazz, momento sublime
“La copla me toma cuando agarro la caja y no puedo dejar de cantar” arrojó Mariana Carrizo al comenzar su actuación que pasó de la baguala Va a llover a una excelente versión de Zamba del pañuelo del Cuchi Leguizamón en la que se lució el bandoneonista “Clavo” Riera y el pianista Leo Genovese, eximio músico de jazz radicado en Nueva York y catalogado como “mi capricho” por la cantora salteña.

El contrapunto entre coplas y jazz que lograron en algún pasaje del espectáculo fue de lo más sobresaliente que se pudo ver en esta edición del festival. “Le vamos a pedir a Trump que lo deporte así se viene a tocar con nosotros”, dijo Carrizo con su clásica picardía. Aunque no todo fue música y humor: la cantora instó a un aplauso de pie para el pueblo mapuche, le pidió a Córdoba que no baje los brazos en la pelea por la conservación del monte y le mandó “un abrazo a Doña Jovita” antes de entonar un sentida copla al respecto. Para el cierre quedó una notable versión, dedicada a todas las mujeres “para que peleen por sus derechos” y con la proyección del siempre elogiado videoclip animado de fondo.

“Le agradezco a Mariana por hacerme de ‘sentir argentino’. Tuve la posibilidad de recorrer muchísimos festivales de jazz de todo el mundo y no le atan ni los cordones a Cosquín”, dijo Genovese en la conferencia posterior”, mostrando su enamoramiento con el festival. Cómo habrá sido que ambos terminaron despuntando el vicio en el amanecer de El Sol del Sur, la peña de Paola Bernal, junto a Peteco Carabajal y la anfitriona. Cosas que pasan en Cosquín.

La danza, protagonista
El que puso a bailar a toda la plaza un rato más tarde fue Emiliano Zerbini, quien repasó su reciente volumen 2 de Danzas folklóricas argentinas inspirado en su madre Silvia Zerbini. Justamente la referente de la danza protagonizó otros de los momentos inolvidables de esta edición cuando invitó al santiagueño Juan Saavedra para estimular los cuerpos en una chacarera doble. Si hasta Emiliano se tiró unos pasos. El público aplaudió de pie, lo que desembocó en el merecido bis con el que el cantor el cordobés-riojano aprovechó para invitar al carnaval de Chilecito, tal vez uno de los que mantiene más genuinamente el espíritu de la chaya.

La Voz
Por Andrés Fundunklian

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